República Dominicana continúa creciendo, pero la transformación más importante de su población no está únicamente en cuántas personas vivirán en el país, sino en qué edad tendrán.
Las nuevas estimaciones de la Oficina Nacional de Estadística muestran que la proporción de personas de 65 años o más, actualmente alrededor del 9 % de la población, llegará aproximadamente al 17 % en 2050.
Al mismo tiempo, la proporción de niños y adolescentes menores de 15 años descenderá de 25 % en 2025 a cerca de 18 % a mediados de siglo.
El resultado es una República Dominicana progresivamente más envejecida.
La edad media de la población se sitúa en 32.9 años en 2026 y podría alcanzar 40.3 años en 2050. La esperanza de vida al nacer llegó a 75.7 años este año, aunque existe una diferencia significativa entre mujeres —79.1 años— y hombres —72.4—.
Más adultos mayores que niños
La ONE proyecta que hacia mediados de siglo el país alcanzará un punto que nunca ha experimentado: habrá más adultos mayores que niños.
El índice de envejecimiento superará el umbral considerado alto alrededor de 2031 y continuará aumentando durante las décadas siguientes.
La consecuencia trasciende la estadística.
Un país con más personas mayores necesitará dedicar mayores recursos a enfermedades crónicas, cuidados de larga duración, pensiones, viviendas accesibles y servicios diseñados para una población con necesidades diferentes.
También cambiará el mercado laboral y la composición de los hogares.
Una oportunidad antes del envejecimiento
República Dominicana todavía se encuentra dentro de una denominada ventana demográfica, en la que la proporción de personas en edad laboral es especialmente favorable frente a la población dependiente.
En 2026 existen 51.7 personas dependientes por cada 100 personas en edad de trabajar, la relación más baja del período estudiado por la ONE. La institución estima que esta ventana podría extenderse aproximadamente hasta 2065.
La oportunidad, sin embargo, no es automática.
Dependerá de empleo formal, productividad, ahorro, cobertura de pensiones y capacidad del país para prepararse antes de que el envejecimiento acelere las necesidades sociales.