La rápida expansión de la inteligencia artificial está comenzando a producir efectos visibles sobre la economía mundial, pero los beneficios y los riesgos no se están distribuyendo de manera uniforme. El Fondo Monetario Internacional advirtió esta semana que la tecnología puede convertirse en una nueva fuente de crecimiento, al tiempo que amplía las diferencias entre trabajadores, empresas y países y crea vulnerabilidades que podrían trasladarse al sistema financiero.
La discusión ocupó un lugar central durante las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial celebradas en Bangkok. La directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, señaló que el avance de la IA representa una de las principales razones de optimismo para la economía, pero también una fuente creciente de preocupación. El Fondo considera que las decisiones adoptadas ahora en materia de capacitación, infraestructura, regulación y protección social condicionarán quiénes podrán beneficiarse de esta transformación.
El escenario aparece en una economía mundial que continúa creciendo, aunque con diferencias cada vez mayores entre países. El FMI proyecta una expansión global de 3.1 % en 2026 y 3.4 % en 2027, pero señala que las economías vinculadas al auge de inversiones en inteligencia artificial están mostrando un desempeño más favorable que muchos países de menores ingresos y economías importadoras de energía.
Ese contraste refuerza una de las principales preocupaciones del organismo: la posibilidad de que la IA acelere la productividad sin producir una mejora igualmente distribuida del ingreso.
No todos los trabajadores están expuestos de la misma manera
El impacto tampoco será uniforme dentro de cada economía. Los análisis del FMI muestran que los trabajadores con competencias vinculadas con inteligencia artificial están mejor posicionados para aprovechar las nuevas oportunidades, mientras determinados empleos de cualificación media y alta exposición a la automatización pueden enfrentar mayores presiones.
El organismo advierte que, sin inversiones suficientes en educación, capacitación y aprendizaje continuo, algunos trabajadores podrían quedar rezagados precisamente cuando la demanda de nuevas habilidades aumenta con mayor rapidez. La brecha también puede ampliarse entre países con infraestructura digital, capital y capacidad tecnológica suficientes y aquellos que todavía enfrentan dificultades para acceder a estas herramientas.
Para las economías emergentes, el desafío no consiste únicamente en adoptar inteligencia artificial, sino en desarrollar las condiciones necesarias para utilizarla productivamente. Conectividad, formación laboral, acceso a capital, regulación y capacidad institucional forman parte de esa preparación.
La consecuencia es que dos países expuestos a la misma tecnología pueden obtener resultados muy diferentes dependiendo de la capacidad de sus trabajadores y empresas para incorporarla.
El auge de la IA también llega a los mercados financieros
El segundo riesgo señalado por el FMI está relacionado con la magnitud de las inversiones que están acompañando el desarrollo de la inteligencia artificial.
El más reciente Global Financial Stability Report identifica una posible corrección de los activos vinculados con IA como uno de los acontecimientos capaces de provocar turbulencias en los mercados. El riesgo aparecería si las expectativas actuales sobre beneficios, productividad o retorno de las grandes inversiones tecnológicas resultan más difíciles de alcanzar de lo previsto.
Las principales empresas del ecosistema tecnológico continúan mostrando rentabilidad, pero el Fondo observa un aumento del apalancamiento, exposiciones concentradas y relaciones financieras cada vez más estrechas entre compañías que actúan simultáneamente como proveedores, clientes, inversionistas y financiadores unas de otras. Esas conexiones pueden amplificar las consecuencias si una parte importante del sector sufre una corrección.
El problema no sería únicamente una caída de determinadas acciones tecnológicas. Una reducción pronunciada de valoraciones puede afectar patrimonio de inversionistas, restringir nuevas inversiones, endurecer las condiciones financieras y trasladarse hacia instituciones que mantienen exposiciones significativas al sector.
El FMI señala que el sistema bancario mundial continúa siendo resistente en sus pruebas de estrés, pero identifica vulnerabilidades en algunas entidades y, particularmente, en segmentos de la intermediación financiera no bancaria, donde el apalancamiento y los problemas de liquidez pueden intensificar una perturbación.
A estos riesgos se suma la ciberseguridad. La misma inteligencia artificial que permite mejorar los sistemas defensivos puede facilitar ataques más sofisticados contra bancos, mercados e infraestructura financiera, aumentando la posibilidad de interrupciones operativas y pérdidas que, en circunstancias extremas, podrían adquirir importancia sistémica.
El desafío será ampliar los beneficios sin concentrar los riesgos
El FMI no plantea frenar el desarrollo de la inteligencia artificial. Su posición parte de que la tecnología puede elevar la productividad, transformar empresas y abrir nuevas fuentes de crecimiento, pero considera necesario acompañar su expansión con políticas que permitan distribuir mejor sus beneficios y limitar las vulnerabilidades que están apareciendo.
Eso supone preparar a los trabajadores para nuevas tareas, ampliar la infraestructura digital, fortalecer la protección social, vigilar las exposiciones financieras y desarrollar marcos regulatorios capaces de evolucionar a una velocidad más cercana a la de la tecnología.
Para República Dominicana, las advertencias no constituyen una evaluación específica sobre la economía nacional, pero sí plantean una cuestión relevante para los próximos años. La capacidad de aprovechar la IA dependerá menos de acceder a las mismas aplicaciones disponibles en otros países que de contar con empresas capaces de integrarlas, trabajadores con las competencias necesarias y una infraestructura que permita convertir esa tecnología en productividad.
La inteligencia artificial puede convertirse en una nueva fuente de crecimiento global. El desafío que plantea el FMI es evitar que ese crecimiento dependa de un grupo reducido de empresas, trabajadores y países, mientras los riesgos derivados de una eventual corrección terminan distribuyéndose mucho más ampliamente.