Santo Domingo. La embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, Leah Francis Campos, ha desarrollado una intensa agenda de encuentros con dirigentes políticos, funcionarios, empresarios y representantes de distintos sectores sociales desde su llegada al país. Sus actividades más recientes, particularmente las reuniones con figuras vinculadas al escenario presidencial de 2028, han colocado bajo atención pública la relación entre la representación diplomática estadounidense y la política interna dominicana.

El episodio más reciente ocurrió el viernes 16 de octubre, cuando Campos compartió con dirigentes de diferentes organizaciones políticas en el Súper Colmado El León Rojo, ubicado en Villa Sombrero, Baní. Entre los participantes estuvieron el senador del Distrito Nacional por la Fuerza del Pueblo, Omar Fernández; el dirigente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Gonzalo Castillo; el director ejecutivo del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa), Wellington Arnaud, y el empresario de medios Santiago Matías, conocido como Alofoke.

La actividad formó parte de Freedom 250, una iniciativa de la Embajada estadounidense para conmemorar los 250 años de la independencia de Estados Unidos mediante encuentros culturales y comunitarios. Sin embargo, la presencia simultánea de figuras con intereses políticos distintos, algunas de ellas vinculadas a aspiraciones presidenciales, convirtió la reunión en un acontecimiento de interés más allá de su carácter cultural.

Las imágenes difundidas mostraron a Fernández y Castillo compartiendo una partida de dominó, una escena poco habitual entre dirigentes de organizaciones políticas enfrentadas electoralmente. Aunque no se anunciaron acuerdos políticos, el encuentro volvió a plantear preguntas sobre los contactos que mantiene la diplomacia estadounidense con los actores que podrían participar en la configuración del próximo escenario electoral.

Una agenda que alcanza al oficialismo y a la oposición

La reunión de Baní no constituye un acontecimiento aislado. Durante 2026, Campos ha sostenido encuentros con representantes de las principales organizaciones políticas dominicanas, incluidos dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM), el PLD y la Fuerza del Pueblo.

En febrero, la diplomática visitó al expresidente Leonel Fernández en la sede de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode), donde abordaron asuntos relacionados con la seguridad, la cooperación bilateral y el fortalecimiento democrático. También ha mantenido contactos con el senador Omar Fernández y otras figuras de esa organización.

Entre sus reuniones con dirigentes peledeístas figura la celebrada el 16 de septiembre con Francisco Javier García, quien recibió a la embajadora en sus oficinas de Santo Domingo. El encuentro se prolongó por más de dos horas y estuvo dedicado, según las informaciones divulgadas, a las relaciones entre ambos países y asuntos de interés común.

Campos también ha coincidido en diferentes actividades con Gonzalo Castillo, incluyendo encuentros públicos celebrados en Azua y Baní. Por parte del oficialismo, ha mantenido contactos con funcionarios y figuras políticas como David Collado, Carolina Mejía y Wellington Arnaud, además de representantes del Gobierno central.

La frecuencia de estas reuniones refleja un esfuerzo por mantener comunicación con distintos sectores del poder político dominicano. Se trata de una práctica habitual en las misiones diplomáticas, que necesitan comprender la evolución institucional y política de los países donde operan, aunque el alcance específico de las conversaciones no siempre se divulga públicamente.

¿Por qué se reunió con Santiago Matías?

Uno de los acercamientos que ha generado mayor curiosidad es el sostenido con representantes de Dominicanos Primero, el proyecto político impulsado por el empresario y comunicador Santiago Matías.

El 8 de septiembre, Campos y su consejero político, Ali Nadir, participaron en una reunión de más de tres horas con representantes de esa iniciativa. Durante el encuentro recibieron información sobre el proceso de conformación de la organización, sus estatutos, propuestas y principios ideológicos, además de intercambiar opiniones sobre migración, seguridad, transparencia y la diáspora dominicana.

La reunión tuvo lugar mientras Matías promovía una estructura política con aspiraciones de participar en el escenario electoral dominicano. Su presencia posterior en las actividades de la embajadora confirma que los contactos se han extendido más allá de aquella primera presentación.

Para una misión diplomática, conocer actores políticos emergentes puede resultar relevante incluso antes de que estos alcancen una representación electoral formal. En el caso de Matías, su trayectoria como empresario de medios y su capacidad de comunicación con amplias audiencias agregan una dimensión social al interés que despierta su proyecto.

Sin embargo, no existen elementos públicos suficientes para concluir que el acercamiento represente un respaldo político de Estados Unidos a Matías o a Dominicanos Primero. Una reunión diplomática constituye evidencia de contacto institucional, pero no necesariamente de coincidencia programática, apoyo electoral o compromiso político.

Los intereses de Estados Unidos van más allá de las elecciones

La actividad de Campos debe examinarse también dentro de las prioridades estratégicas de Washington en el Caribe, una región donde Estados Unidos mantiene importantes intereses comerciales, migratorios y de seguridad.

En declaraciones ofrecidas durante una entrevista televisiva en julio, la embajadora manifestó preocupación por la expansión de la influencia china en el Caribe y afirmó que uno de los objetivos de su misión consiste en presentar a Estados Unidos como una alternativa de cooperación para República Dominicana.

Sus declaraciones reflejan la competencia geopolítica entre Washington y Pekín, particularmente en áreas relacionadas con inversiones, infraestructura y relaciones comerciales. República Dominicana mantiene vínculos económicos con ambos países, por lo que esa competencia constituye un elemento importante del contexto en el que se desarrolla la diplomacia estadounidense.

La seguridad representa otra prioridad verificable. En marzo, Campos recorrió la zona fronteriza de Dajabón junto con el ministro de Defensa dominicano para conocer los dispositivos de vigilancia y las operaciones desplegadas en la frontera con Haití. También ha participado en actividades de cooperación con la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), incluidas iniciativas para fortalecer las capacidades de respuesta frente a las drogas sintéticas y el crimen organizado.

A esta agenda se agregan los intercambios económicos e institucionales. La diplomática ha sostenido reuniones con representantes del sector empresarial y autoridades vinculadas al comercio, el turismo y la educación. En septiembre, por ejemplo, conversó con el ministro de Educación, Luis Miguel De Camps, sobre bilingüismo, tecnología educativa y posibilidades de cooperación para fortalecer la formación de estudiantes dominicanos.

La diplomacia también se desarrolla fuera de los espacios oficiales

Otro elemento distintivo de la gestión de Campos ha sido la utilización de espacios populares como escenario de actividades diplomáticas. Además del encuentro en Baní, la embajadora ha participado en celebraciones en colmados de Santo Domingo y La Vega, acompañadas de publicaciones en redes sociales que destacan aspectos de la cultura dominicana.

Esta modalidad puede analizarse desde el concepto de diplomacia pública, que busca establecer relaciones con la sociedad de un país más allá de sus autoridades gubernamentales. Los encuentros culturales permiten que la representación estadounidense proyecte cercanía y amplíe su presencia pública, mientras mantiene los canales tradicionales de comunicación institucional.

El analista político Robinson Basden, consultado por Diario Libre a propósito de estas actividades, vinculó los encuentros con el concepto de poder blando, entendido como la capacidad de influencia internacional mediante la cultura, los valores y las relaciones sociales, sin recurrir necesariamente a mecanismos de presión.

Esa dimensión pública también explica por qué las imágenes de la embajadora junto a dirigentes políticos adquieren relevancia en el debate nacional. Aunque las reuniones pueden responder a actividades culturales o institucionales, sus participantes también son figuras con intereses políticos propios, por lo que la interpretación pública de esos contactos puede adquirir un significado distinto al propósito originalmente anunciado.

¿Qué implicaciones tiene para el escenario electoral de 2028?

La proximidad del proceso electoral dominicano de 2028 introduce una dimensión adicional a la agenda de Campos. En los próximos meses, las principales organizaciones políticas continuarán definiendo sus liderazgos y proyectos presidenciales, mientras Estados Unidos seguirá siendo uno de los interlocutores internacionales más importantes del país.

El mantenimiento de relaciones con dirigentes del oficialismo, de la oposición y con figuras emergentes permite a una misión diplomática conocer diferentes perspectivas sobre la situación nacional y conservar canales de comunicación ante eventuales cambios políticos.

No obstante, establecer contactos con posibles aspirantes presidenciales no equivale a intervenir en una elección. Hasta el momento, las actividades públicas examinadas no aportan pruebas suficientes de que la Embajada estadounidense esté promoviendo una candidatura determinada o coordinando acuerdos entre organizaciones políticas dominicanas.

La distinción resulta fundamental: es posible identificar una agenda de interlocución política y examinar sus implicaciones sin atribuirle objetivos electorales que no estén respaldados por documentos, declaraciones o actuaciones verificables.

La atención deberá concentrarse, por tanto, en la evolución de estos contactos y en las posiciones públicas que adopte la representación estadounidense sobre asuntos concretos. También será importante observar si las reuniones dan lugar a iniciativas de cooperación, acuerdos institucionales o declaraciones que permitan precisar sus resultados.

La gestión de Leah Campos muestra una diplomacia que combina relaciones gubernamentales, acercamientos con actores políticos y presencia en espacios sociales. Sus actividades adquieren especial relevancia por el peso de Estados Unidos en la economía dominicana y por el contexto internacional en el que Washington busca reforzar sus relaciones con América Latina y el Caribe.

La pregunta no es únicamente con quién se reúne la embajadora, sino qué intereses oficiales se discuten, qué compromisos se establecen y cómo pueden influir esas relaciones en las decisiones que afectan a República Dominicana. Hasta ahora, la información disponible permite identificar las prioridades generales de Washington y una amplia red de interlocutores, pero no una estrategia de intervención electoral demostrada.